KATYA WARNER: La emprendedora sostenible, 100% natural.

EL 05/6/2014

Imagina una isla paradisíaca, con verdes palmeras, playas de fina y blanquísima arena y aguas transparentes. Siente la belleza del paisaje, el viento cálido acariciando la piel y la sensación de paz. Visualízate en tu modesto y acogedor hogar, disfrutando de la familia. Te apetece tomar un baño, abres el grifo y… no hay agua. La vida de ensueño se desvanece y se impone la realidad. No existe agua suficiente, no hay suministro fijo y está racionada.

Imagina una isla paradisíaca, con verdes palmeras, playas de fina y blanquísima arena y aguas transparentes. Siente la belleza del paisaje, el viento cálido acariciando la piel y la sensación de paz. Visualízate en tu modesto y acogedor hogar, disfrutando de la familia. Te apetece tomar un baño, abres el grifo y… no hay agua. La vida de ensueño se desvanece y se impone la realidad. No existe agua suficiente, no hay suministro fijo y está racionada.

De este modo me crié en la Isla de San Andrés –en El Caribe-. A menudo me bañaba con el agua de la lluvia, recogida en un balde. Muy pronto tomé conciencia de que los recursos naturales no son ilimitados y este conocimiento se convertiría en una de mis principales preocupaciones: la sostenibilidad.

Mi otra gran obsesión surgió de otra naturaleza: la mía. Padezco dermatitis aguda, dolencia que los médicos pueden aliviar, pero no curar. De modo que ya de niña no me quedó más remedio que elegir con el máximo cuidado las cremas, jabones y demás productos que utilizaba. Pronto me convertí en una experta; aprendí a diferenciar los componentes más dañinos para la piel y llegué a un conclusión lógica: cuanto más natural, mejor.

Katya-Wagner-revista-Mprende-2Tras graduarme en la Universidad tuve la oportunidad de trabajar en Alemania, con los pioneros del diseño sostenible del mundo (Cradle to Cradle, EPEA GmbH). Hacíamos coches para Ford cuya única emisión era oxígeno, y zapatos para Camper, confeccionados con plásticos biodegradables y repletos de nutrientes que después de su uso podías plantarlos en tu jardín y crecía una flor. También trabajé con empresas cosméticas como Aveda y Method, donde descubrí que muchos de los ingredientes que ponemos a diario en nuestra piel son tóxicos.

En mi regreso a Colombia, quise poner en práctica todo lo que había aprendido, creando una empresa que contribuyera a que las futuras generaciones de nuestro país se desarrollaran con plenitud de salud y bienestar. Y es así como nació Ecotú (shampoos, cremas y colonias 100% naturales).

La puesta en marcha no fue sencilla. Encontré una recia barrera de entrada, ya que el concepto “100% natural” no está implantado en la gran mayoría de países, entre ellos, Colombia. Muchos laboratorios elaboran fórmulas añadiendo un ingrediente activo divino (por ejemplo, alguna planta del amazonas) a una mezcla que no es natural.

A la hora de buscar el modo de cambiar este paradigma, tuve muy presente a mis padres. Mi padre siempre ha sido un gran idealista, con una asombrosa visión y pasión por proteger nuestro planeta. Con él he aprendido que soñar con un futuro mejor implica trabajar duro y, como muestra, todos los años organizaba la recolecta anual de basuras del mar, donde buceábamos para recoger la inmensa cantidad de desperdicios humanos alojados en el fondo de las aguas. Mi madre es la fuerza que me alienta cada día a seguir adelante. Su entusiasmo, audacia, tenacidad y valentía se suman a una profunda fe en quien soy y un fuerte compromiso con lo que hago. Así que con estos sólidos pilares, me puse manos a la obra.

Estudié hasta el más mínimo detalle de la composición e ingredientes de los productos. Hablé, discutí y demostré a un nutrido grupo de químicos alemanes que el camino que tomaban no era el adecuado y les hice rectificar las fórmulas una y otra vez hasta poder decir con orgullo: Ecotú sí es 100% natural. Tanto es así que nos orgullecemos de estar aprobados por la EWG (Enviromental Working Group en Estados Unidos) con el más alto puntaje en cosméticos naturales en Colombia.

En el camino tengo la suerte de haberme encontrado con verdaderos amigos que constantemente me dicen: “¡sí, se puede!”. MET ha sido uno de esos ángeles que, con formación, contactos y sobre todo con personas que están viviendo la misma experiencia apasionante de emprender, te proporciona retroalimentación, te llena de energía positiva y te impulsa a seguir adelante y luchar por conseguir tus metas de un modo responsable y sostenible.