¿Nos están educando para emprender?

EL 08/27/2014

Hay quienes creen que se nace emprendedora, quienes afirman que las emprendedoras se hacen y otros tantos, que existe una relación entre el ser y hacerse emprendedora. Si hacemos caso a este último supuesto, pensaríamos en que así como una mujer nace con esa “chispa” emprendedora, también tiene a su disposición una serie de herramientas sobre todo educativas para fortalecer sus habilidades emprendedoras. 

Pero… ¿realmente existen aquellas herramientas? En los colegios y universidades nos educan para fortalecer nuestras capacidades emprendedoras o para inculcarnos el emprendimiento como una forma de vida? ¿El Ministerio de Educación posee políticas que buscan educarnos para el emprendimiento?. ¿Aquellas políticas son incluyentes, es decir, van dirigidas a hombres y mujeres por igual y sin importar su nivel socio económico?. 

Desde el Ministerio de Educación se han planteado políticas para incentivar el emprendimiento desde niños, según se puede observar en el documento elaborado por la misma entidad, titulado “la cultura del emprendimiento en los establecimientos educativos”. Allí se establecen algunos lineamientos que pretenden acercar a los estudiantes con la cultura emprendedora en Colombia. El documento consta de tres secciones que en primer lugar busca dar un panorama de la cultura de emprendimiento en los establecimientos educativos, en segundo lugar, tiene como objetivo dar a conocer cómo fomentar una cultura del emprendimiento en los establecimientos educativos y por último se centra en la pregunta acerca de lo que están haciendo los establecimientos educativos para fomentar la cultura del emprendimiento. 

Es muy valioso este avance del Ministerio de Educación pero debemos ir más allá de políticas y aplicar aquellos aportes que nacen en las entidades del Estado y también en organizaciones privadas. Y no es un capricho, simplemente es una necesidad. Es importante educar a nuestros niños para que sean ellos mismos quienes generen empleos en el futuro y quienes fortalezcan la industria nacional por encima de las miles de multinacionales que llegan al país, muchas de ellas, a pagar bajos salarios y a ofrecer unas condiciones laborales no muy buenas. Educar a niños y niñas es prepararlos para enfrentarse a un mercado laboral poco incluyente pero también es prepararlos para que vean más allá de ese ciclo de vida que nos muestran desde pequeños: Nacer, crecer, estudiar, estudiar, estudiar, trabajar, casarse, etc,  y salir de nuestra zona de confort, salir a explorar el mundo, ver la infinidad de posibilidades que existen en nuestro entorno y emprender desde cualquier enfoque o sector de la economía. 

¿Y las mujeres?...¿Realmente nos preparan para emprender? O más bien nos preparan para ser mamás y seguir ese ciclo de vida que a veces parece desdibujable: Nacer, crecer, estudiar –cuando nos dan esa oportunidad-, trabajar y casarse. Como si allí terminara la vida y como si no existiesen más opciones para nosotras como mujeres. Se vale emprender, se vale no casarse, se vale deshacer aquellos imaginarios colectivos que nos encasillan como personas valiosas para la sociedad, pues muchas veces ni siquiera somos partícipes en sus decisiones más importantes, es más, hay quienes aún creen que nuestro único lugar es el hogar y que no podemos llevar a cabo una vida laboral y personal de forma simultánea. 

Aunque, en temas de educación las mujeres, según estadísticas del Ministerio de Educación, accedemos más a la misma que los propios hombres, existen una carencia en el sistema de educación que nos forma para un mercado laboral totalmente diferente al real, nos forma como empleadas y no nos plantea de forma pragmática la posibilidad de que nosotras mismas podemos emplearnos y ser agentes de cambio en nuestro entorno. 

Hoy por hoy, grandes empresas y organizaciones como Coca Cola, BBVA, el Banco Mundial, entre otras apoyan el surgimiento de mujeres emprendedoras por medio de programas que fortalecen sus habilidades. Sin embargo, sería mucho más interesante empezar a formarlas desde su niñez, darles a conocer una gama de posibilidades en las que se pueden especializar desde pequeñas y de esa manera alejarlas de círculos de discriminación, violencia y entre otras problemáticas que en ocasiones parecen afectar solo a mujeres. 

Las mujeres emprendedoras ven el mundo diferente y por eso se centran en crear emprendimientos totalmente diferentes a cómo los concibe un hombre. Por ese motivo en ellas se ve un potencial muy grande pero también se divisan una serie de necesidades a las que se enfrentan cuando deciden emprender, como el difícil acceso a capital, el bajo apoyo a las empresas nacientes y por último, y no por eso menos importante, la necesidad de formarse. Las mujeres deben educarse para emprender, sobre todo porque existen barreras de género que hacen que tengamos más temor a emprender y por ende, al fracaso. Para ello, es importante una formación en donde se identifiquen las habilidades de una mujer por encima de los defectos y dificultades. 

En los centros de formación, como colegios o universidades se deben fortalecer este tipo de habilidades. No tenemos que llegar a los 40 años para empezar a explorar y enriquecer nuestras capacidades porque desde los centros educativos deben existir herramientas que nos faciliten ese proceso. También es esencial que quienes imparten la formación dirigida al emprendimiento “se coman el cuento” y por supuesto sean emprendedores. Nada más importante que dar a conocer casos de éxito, mostrar desde la visión de un emprendedor las barreras a las que se enfrenta uno de ellos y los beneficios que trae consigo convertirse en emprendedor. 

En conclusión, es necesario cambiar la forma como se educan a nuestros niños, pues en esta etapa de sus vidas se fortalecen sus capacidades emprendedoras y se explotan otras habilidades como la creatividad y proactividad. Se deben dejar de lado las barreras de género que aún rondan en nuestra sociedad y se deben crear políticas más pragmáticas y aplicables a nuestra realidad. Los esfuerzos deben culminarse y por ello, se requiere la colaboración de las entidades del Estado, organizaciones privadas y de los mismos estudiantes, pues son ellos, quienes deben enfrentarse a un mundo laboral totalmente diferente al que se muestra en las aulas de clase.