Soporte Legal del Emprendimiento

EL 11/16/2018

Columnista: Juan Felipe Gutiérrez Álvarez

 Los que pertenecemos al ecosistema de emprendimiento, hemos escuchado de sobra que “emprendedor que se respete, no tiene un peso”, una frase parcialmente cierta, porque, si hacemos honor la verdad, sabemos que el emprendimiento, de ningún modo, se reduce a un par de amigos comiendo arroz chino en el garaje de sus padres tratando de sacar adelante una idea de negocio que los hará millonarios.

Lo cierto es que el emprendedor siempre quiere ser eficiente financieramente, y esto hace que escatime en algunos gastos y excluya otros, como los servicios jurídicos.

Constituir una sociedad, registrar la marca y formalizar un contrato comercial son los tres escenarios jurídicos principales en las Startups, en los cuales, por desgracia, imperan los formatos prediseñados, la improvisación y la falta de previsión. Lo que, entre otros factores, ha provocado que en Colombia solo el 50% de las Mipymes sobrevivan al primer año y el 20% al tercero.

Podría apostar a que el 90% de los emprendedores que leerá este artículo constituyó su empresa con un formato de estatutos, y el otro 10% contrató un abogado para que los creara, y la triste historia es que, si comparamos entre uno y otro caso, las diferencias serán muy pocas. Los formatos son “herramientas” para las personas que no tienen conocimientos jurídicos, y también para algunos abogados que no tienen ningún reparo en utilizarlos indiscriminadamente sin pensar en la empresa, el sector económico al que se dirige o por lo menos en las particularidades de la situación jurídica que se le confía.

Si reconocemos que cada emprendimiento es un mundo completo, si queremos a nuestra empresa como a un hijo, y si todas nuestras expectativas están puestas en la idea de negocio que queremos sacar adelante: ¿por qué la construimos sobre una frágil y superficial base jurídica?

Cuántas veces hemos escuchado que se terminan amistades por los negocios, que las empresas fracasan por discusiones de socios, o que el crecimiento se estanca por la falta de confianza y los egos que quieren sobreponerse, sin detenernos a pensar que, más allá del ámbito personal, lo que pudo haber generado todo esto es la falta de planeación jurídica.

Un pacto de socios, o vesting, nos evita estar discutiendo sobre las responsabilidades de cada uno y los compromisos que se deben cumplir; unos estatutos sólidos permiten mejores relaciones comerciales y evitan que sujetos indeseados hagan parte de la sociedad; un anticipado análisis marcario blinda el gran esfuerzo que conlleva el posicionamiento; una solidez jurídica abre las puertas de la inversión y nos da tranquilidad. En resumen, el derecho preventivo construye un mejor sector privado.

Todo lo anterior corresponde al Previously Resolution Exam (PRE), y va mucho más allá de conseguir un abogado que copie y pegue unos estatutos para constituir una sociedad, tras incluir en ellos un objeto social muy específico (que le permita decir después que son a la medida); que haga un rastreo de antecedentes de marca para alertar si algo parecido ya está registrado; y que finalmente modifique contratos de compraventa para adecuarlos a cualquier relación comercial o disfrace pagarés de notas convertibles.

El Previously Resolution Exam parte del conocimiento del negocio para determinar si es o no necesario constituir una sociedad y cuál sería el tipo societario ideal, así como del conocimiento del sector económico al cual va dirigido el negocio para identificar los retos del mercado, las prioridades de los socios, los compromisos que asumirán y las responsabilidades que deben cumplir. Además, implica un análisis a profundidad de la proyección a futuro que los Founders tienen de su empresa, con el fin de prevenir litigios innecesarios y situaciones que distraigan el foco de la organización, y de determinar los aspectos que contribuyan a la pervivencia del negocio en el tiempo.

Un adecuado PRE otorga los insumos necesarios para la construcción de:

  1. Los Estatutos Sociales para permitir el desarrollo, la evolución y la protección del emprendimiento, así como para visibilizar las funciones y obligaciones de la Junta Directiva, la Asamblea de Accionistas y del Representante legal.

  2. Un adecuado protocolo para la determinación de los activos intangibles que proteja la propiedad intelectual del emprendimiento más allá de la marca.

  3. Un pacto de socios, o Vesting, que les permita a los socios identificar sus roles, apartar los aspectos personales de los empresariales, proteger su relación y fortalecer su confianza con deberes y obligaciones bien definidas.

  4. Un Protocolo de Gestión Contractual para diferenciar los roles nominativos de los operativos en la sociedad, en outsourcing, con clientes, servicios y proveedores, definiendo las características contractuales propias de cada una de estas relaciones y de las demás que se puedan generar dependiendo de cada sociedad.

  5. Una adecuada protección de datos personales combinada con una construcción de acuerdos de confidencialidad que eviten las sanciones más comunes que afectan a las empresas.

Constituir una sociedad y registrar una marca no son ciencias ocultas. De hecho, son procesos sencillos que cualquier persona puede realizar sin necesidad de un abogado. Por eso la recomendación es: háganlo bien o háganlo solos. No se justifica pagar por plantillas que están a disposición de todos y que no tienen un componente jurídico integral y apropiado.

Ahora, si deciden hacerlo bien y si consideran que su futuro empresarial necesita el PRE, recuerden que se trata de una metodología que integra la administración empresarial y la gestión organizacional bajo un marco integral de derecho preventivo que brinda solidez, protección y tranquilidad jurídica.

La base de los negocios es la confianza, y así debe seguir siendo, aunque debemos reconocer que, en muchos casos, el exceso de confianza es la causa del fracaso. Se trata pues de darle solidez a la confianza, y esto se logra por medio de una metodología que integre aspectos legales esenciales.

El PRE es pensar en lo correcto y no solo en lo legal.