El Abogado es el "Personal Trainer" Jurídico

EL 04/11/2018

Columnista: Juan F. Gutiérrez Álvarez.

“Es mejor prevenir que curar” en materia jurídica traduciríamos esta frase como “siempre es menos costoso evitar el problema que pagar para salir del problema”; sin embargo, en nuestra conciencia parece estar arraigada la concepción del abogado bombero, quien solo actúa cuando el incendio se ha propagado, o del abogado boxeador, al que mandamos a pelear por nuestros derechos en disputas que, por lo general, pudieron haberse evitado.

Ya desde 1950, Louis M. Brown, quien es considerado el padre de la ley preventiva, llamaba la atención sobre el momento oportuno para acudir a un abogado, advirtiendo que era en la sanidad legal, antes del daño causado, de la notificación de una demanda en contra, o antes de una pérdida económica como aspectos que generalmente anteceden al litigio en estrados judiciales. El momento, en todo caso y según Brown, no debía ser frente la inminencia de un litigio, pues tal y como lo plasmó en su obra Lawyering Through Life, es necesario pasar de un derecho reactivo a un derecho preventivo.[1]

Preventive Law and Creative Problem Solving, es un texto un poco más reciente sobre el derecho preventivo, y en este encontramos una división de los abogados. Por un lado, están los “Fighters” quienes se encargan de encontrar la respuesta de quién hizo qué, cuándo y a quién, para después determinar si el comportamiento es legalmente procesable, es decir, es el encargado de asumir o instaurar el litigio con base en hechos que adecúa a leyes vigentes.

Por otro lado, tenemos al “Problem Solver and Designer”, quien como el médico cauterizará la herida para evitar la infección, o detendrá la hemorragia mediante un efectivo torniquete, pero su acción no se agotará ahí, y posteriormente diseñará los ambientes necesarios para prevenir futuras complicaciones; las negociaciones y los mecanismos alternativos de solución de conflictos serán sus herramientas. Este será un abogado analítico, reunirá el conocimiento jurídico con la información obtenida del cliente para, a través de un pensamiento sistemático, pronosticar riesgos, cultivar ambientes de sanidad legal y prevenir litigios innecesarios.

Pues bien, el derecho preventivo, a pesar de tener una clara inclinación por los abogados diseñadores, no le otorga un segundo plano a quienes se concentran en el litigio, dado que ambos son necesarios en la realidad jurídica; no obstante, lo que resalta es la contraproducente prevalencia del abogado luchador por la ineficiente o nula prevención, aun cuando la diferencia entre la tranquilidad jurídica y las sanciones, multas, litigios por controversias contractuales, afectaciones reputacionales, detrimento patrimonial, entre muchas otras circunstancias, está entre la gestión o administración de la crisis, y la prevención de la crisis.

“La práctica de la ley preventiva requiere que un abogado reoriente su mentalidad desde la gestión de crisis a la prevención de crisis” Michael Goldblatt, Robert Hardaway y Robert Scranton

Como vemos, el derecho preventivo no es nuevo, y su aplicación en otras latitudes está cumpliendo más de medio siglo; además, instituciones educativas como California Wester School of Law han implementado programas de enseñanza sobre este derecho en los cuales, más allá de comprender una serie de conceptos típicamente legales, se aprecia la construcción de una cultura bajo pilares como: Ser proactivo en lugar de reactivo; Manifestar un alto nivel de conciencia, enfoque y propósito; Asumir la responsabilidad de cada elección, decisión y acción sin culpar o encontrar coartadas, entre otros.

Si queremos adoptar la prevención, utilizar el derecho reactivo solo cuando sea estrictamente necesario y aprovechar todos los beneficios que nos trae evitar litigios infinitos y extenuantes, debemos desarraigar la concepción que tenemos de la ley como talanquera, cortapisa u obstáculo, y del abogado como bombero o boxeador que solo es requerido ante lo puntual y urgente.

Actualmente, nuestro país está en un proceso de transición, en el cual se pretende que la ley se ajuste a las dinámicas sociales y económicas en el plano interno y externo. En este proceso la acción ciudadana de acompañamiento e instrucción es de vital importancia, como también lo es el viraje de conciencia que sobre este cambio se tenga, porque de esta forma podemos convertir la ley en una hoja de ruta dirigida al éxito personal y empresarial, en una rutina enfocada, eficiente, en la cual el abogado pasará a ser el “Personal Trainer” de su conocimiento, entendimiento y cumplimiento.                 

“Debemos fomentar la noción de que el uso más alto y mejor de los servicios legales se encuentra en proporcionar orientación a los clientes antes y no después del hecho” Thomas H. Gonser y Forrest S. Mosten

[1] Lawyering Through Life – Louis M. Brown