Antropología e Innovación

EL 10/22/2018

Los Ingenieros Culturales.

Por: Alejandro Gómez - @alejandrogcano

Siempre he pensado que la innovación tiene dos grandes fuentes desde las cuales puede surgir: El diseño y la observación (aunque si quisiéramos hilar más fino, no es el diseño sino el arte desde donde aparecen estas innovaciones). Dos claros ejemplos para no ir muy lejos de estas dos corrientes son Apple y Amazon respectivamente.

El design thinking aportó algo muy valioso a las empresas y fue precisamente enseñarnos a pensar como piensan los diseñadores, ubicando al usuario final en el centro del proceso de innovación. Por su parte otra forma de pensamiento como Jobs To Be Done nos invita a entender cuáles son aquellos dolores con los que las personas andan por la vida y detectar cómo buscan progresar dentro de un proceso de realización personal y social. Ambas escuelas permitieron en lo que va del siglo XXI que las empresas entendieran un mensaje de forma clara: no tiene sentido desarrollar productos sin saber si hay alguien en el planeta dispuesto a usarlos y pagar por estos.

Aquí es preciso hacer dos aclaraciones:

  1. Aún existen empresas, tradicionales y jóvenes, que no han entendido esto y siguen forzando el mercado con productos que no generan valor para nadie.

  2. Ni el Design Thinking ni Jobs To Be Done son metodologías. Son, como dije, más bien formas de pensamiento. Hay que huir de aquellos consultores que venden estos conceptos como metodologías o como herramientas.

Por razones que en este momento no vienen al caso, desde hace algunos años tomé partido por los procesos de innovación que se apalancan en el entendimiento genuino de las culturas en donde las organizaciones y los consumidores habitan y se relacionan entre sí, y para esto es necesario echar una mano de las ciencias humanas y las ciencias sociales.

A pesar de la enorme cantidad de productos exitosos en los mercados a raíz del entendimiento de los fundamentales culturales de un grupo de personas (y de la gran cantidad de fracasos precisamente por no querer entender estos fundamentales), aún los gobiernos creen que el tema se resuelve únicamente con ingenieros, profundizando en el fortalecimiento de las áreas STEM. El problema no se resuelve con solo un lado de la moneda, precisamente porque tanto las profesiones STEM como las ciencias humanas están concebidas para responder distinto tipos de preguntas, las cuales son necesarias para que aparezca la innovación.

En otras palabras, los antropólogos o los psicólogos nos permiten entender por qué las personas se comportan como se comportan, cuáles aspectos son importantes en sus vidas, en qué creen, cómo preferirían hacer uso de su tiempo, qué cosas les frustra, y qué cosas les hacen sentir que están progresando. Esta parte del proceso de innovación es la que nos permite detectar los insights más relevantes en un mercado

Por su parte los ingenieros ayudan a responder los cómos, intentando así materializar las soluciones necesarias de acuerdo con los insights develados en la primera parte. Las empresas exitosas son fuertes en ambas partes del proceso. Aquellas que alejan o priorizan una de las dos tendrán que contentarse con desarrollar innovaciones esporádicas (en el mejor de los casos).

La vinculación de ambos mundos se conoce en varios países como Ingeniería Cultural, la cual busca desarrollar soluciones en espacios donde participan una gran cantidad de personas. Algunas de las empresas que más se podrían beneficiar de los ingenieros culturales son la banca y el sector financiero, las empresas de telecomunicaciones y las empresas de consumo masivo. Adicionalmente los ingenieros culturales son importantes para construir soluciones en programas públicos o privados de inclusión social.

Se puede decir que el aporte de la antropología a la ingeniería para crear los ingenieros culturales es tan importante como el aporte de la psicología a la economía que derivó en la creación de la economía conductual o behavioral  economics, la cual hoy en día cuenta con varios premios Nobel en Economía.

Entre más rápido las empresas se abran a otros tipos de conocimiento y entiendan la labor que cada profesional debe hacer en cada momento del proceso de innovación, mayor valor generarán en todo su entorno y su sostenibilidad y crecimiento estará garantizada en el  tiempo.