CAOS: Ingrediente para el emprendimiento

EL 07/25/2015

La cotidianidad de la rutina adormece y, en algunos casos, perjudica una de las actividades primordiales desarrolladas por la conciencia: el trabajo creativo. Elemento fundamental dentro del ejercicio del emprendimiento.

La rutina invita al equilibrio y a la seguridad, a planear y controlar una agenda diaria que eventualmente no diferencia un día de otro. Esto produce un estado en donde la búsqueda de nuevas alternativas se vuelve difusa y, poco a poco, se pierde la noción de explorar las ilimitadas opciones que ofrecen otras realidades, al escoger un metro cuadrado en donde el riesgo es mínimo y la avidez para explorar experiencias desconocidas también.

La realidad es algo desbordante y la falla no radica que ser incapaces de comprenderla o aprovecharla en su totalidad, ya que es imposible, la falla radica en fundar como supuesto que la rutina propia es la realidad y que más allá de ésta nuestras acciones son improductivas o carecen de sentido.

En otras palabras: “estoy bien con lo que conozco y controlo. No me interesa, o me da miedo, lo desconocido”. Esta incapacidad auto-adquirida reemplaza la iniciativa por la inercia e inhabilita la curiosidad.

Estos síntomas de rutina y equilibrio, presentes en personas y organizaciones, son unas de las causas por las cuales las organizaciones y los proyectos de emprendimiento perecen. Es un hecho que el entorno organizacional está en constante cambio y, en las actuales dinámicas impulsadas por la tecnología y los procesos de globalización, ciertos cambios no suelen dar previo aviso y se presentan de manera estrepitosa, comprometiendo la estabilidad de organizaciones o de sectores industriales en su totalidad.

Tener una posición dominante en el mercado, ser financieramente sólido y contar con una gran cantidad de clientes no garantiza la perdurabilidad, ya que los cambios del entorno pueden introducir un competidor mejor posicionado, con mayores recursos financieros y contar con una mejor oferta de valor con la cual podría llegar a persuadir a sus clientes. Las organizaciones y su entorno funcionan como la naturaleza y las especies: “ni el más fuerte ni el más inteligente es el que sobrevive. Es aquel que se adapta mejor al cambio”, decía Charles Darwin. Pero saberse adaptar al cambio, exige enfrentarlo, trabajar dentro de éste y en algunos casos, ¿por qué no?, causarlo.

Por tanto, abandonar el estado de equilibrio e invariabilidad y aproximarse al caos o, si se quiere, al miedo, debe ser una acción inherente a cualquier ejercicio de emprendimiento que esboce un futuro arriesgado e impredecible pero innovador desde la experiencia. La rutina se reproduce a sí misma: lo conocido, lo común y comprensible. En cambio, el caos genera lo contrario: el miedo provocador, la intriga a lo desconocido, los procesos de innovación y un entorno fructífero para un ejercicio de emprendimiento; esto es: el trabajo creativo en medio de lo inexplorado.

Ahora bien, ¿cuántas veces ha salido de su rutina o equilibrio? Si lo ha hecho, ¿ha experimentado la necesidad de formular soluciones a problemas que no había enfrentado antes? ¿Su experiencia creció en este proceso? ¿Descubrió habilidades propias que previamente ignoraba? Si no ha salido del equilibrio, ¿no resulta tentador atravesar el velo de la cotidianidad para enriquecer su instinto emprendedor en terrenos desconocidos?