Tengo una sociedad y nadie me quiere prestar

EL 07/6/2015

"En Colombia solo se presta a quien no necesita el dinero. Si usted lo necesita y se le nota, es muy difícil encontrar fondos".

Es una enfermedad sin cura. Una sociedad es una persona jurídica diferente a sus propietarios, lo que significa que si la empresa se quiebra sus socios no lo harán. Esto le suena bien a usted, a nosotros y al resto de emprendedores pero no le suena bien a los bancos. Si la sociedad está recién creada, no existe un patrimonio para asumir el impago de las obligaciones.

He aquí una verdad: en Colombia solo se presta a quien no necesita el dinero. Si usted lo necesita y se le nota, es muy difícil encontrar fondos.

Por esto lo primero que debe tener en cuenta es que la tal separación patrimonial no existe, la tal persona jurídica no existe –desde un punto de vista práctico-, los préstamos deberán ser firmados no sólo en garantía sino como deudores principales por los accionistas y representantes legales. Las empresas nacen y mueren con mucha frecuencia, de forma que los bancos se protegen incluyendo el patrimonio de personas naturales que serán mucho más cuidadosas en el estricto cumplimiento de sus obligaciones.

Esto hace terriblemente difícil re-emprender, pues el emprendedor que fracasa suele tener que emplearse por años para asumir los pagos que le deja una idea de negocio fallida y luego cuando necesita capital para un nuevo proyecto no se lo presta nadie.

Una empresa con cierto flujo de operaciones puede solicitar un préstamo bajo el amparo de la Ley de garantías mobiliarias que desde el 2013 amplía el número de activos que pueden servir para asegurar el pago de las obligaciones, superando el típico “fiador con finca raíz” y permitiendo que una empresa, por ejemplo, asegure el pago con bienes o derechos presentes o futuros. Es decir: establecimientos de comercio, facturas, cuentas por cobrar, acciones, bonos, marcas o patentes. Es una opción pero nada garantiza que el banco valore como adecuado el activo.

En el mundo, las startups se financian mediante endeudamiento privado, es decir, con fondos de inversiones, “ángeles” o simples interesados en un modelo de negocio. Quien presta con el nivel de riesgo que tienen las empresas en formación, pretenden válidamente una utilidad mayor que la que enmarca el interés comercial. Por eso suelen instrumentarse a través de “créditos mezzanine” o de segundo piso cuyo pago está subordinado a los créditos seniors (bancarios), pero se cubren antes que los eventuales dividendos de los accionistas. La implementación de este mecanismo en Colombia es muy difícil de instrumentar pues el límite de la usura no permite cobrar un interés mayor al que marca la superintendencia.

Lo que el Estado no ve es que ese acreedor tiene enormes opciones de no recuperar su capital, que de hecho pasa muchos meses sin cobrar intereses, de forma que cuando por fin estos se generan debería tener derecho a más que el límite que da la usura.

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