Un Estado que no entiende a los emprendedores

EL 08/24/2018

Por Sergio Zuluaga, director ejecutivo ASEC

TW @sergiozuluaga 

Pareciera que en Colombia no hemos sido capaces de entender plenamente ni a los Emprendedores ni el propósito del Emprendimiento; si queremos fortalecer el tejido empresarial colombiano y aprovechar la capacidad que tenemos los Emprendedores para generar desarrollo económico, nuestra obsesión como país debería ser, por un lado, la generación de estructuras empresariales con intención de crecer y el crecimiento de la empresas existentes; no, como ha venido sucediendo en lo público, la contabilización de nuevos registros mercantiles en las Cámaras de Comercio y la posición de Colombia en índices internacionales, que aunque en algo pertinentes por la comparabilidad, no cuenta la realidad de nuestros empresarios.

Solo recientemente, la conversación sobre emprendimiento dejó de tener un inevitable sesgo a algo exclusivo para jóvenes y con un inequívoco tono de auto-empleo. Es momento de entender que el Emprendimiento es acerca de la consolidación y crecimiento de las empresas, no únicamente de buscar incentivos y programas para la creación de nuevas.

Colombia es un país donde la tasa impositiva de tributación total para la empresas en Colombia alcanza el 68%, (El Banco Mundial, la pone por encima del 70%) haciendo de Colombia el tercer país en LATAM.

Países como el nuestro son dos veces más propensos a crear empresas que las economías desarrolladas, pero seis veces menos capaces de generar compañías con más de 50 empleados y 3 veces menos capaces de tener empresas con más de 10 empleados. A pesar de esto, es desconsolador ver la falta de estrategia y determinación por parte del Estado colombiano frente a los temas de Emprendimiento e Innovación.

Colombia es un país donde menos del 35% de las empresas que se registran lo hacen como sociedades, un país donde solo el 6% de los que consideran crear empresa mantienen el esfuerzo por más de 3 años y donde menos del 10% aguantan más de 10 años en el mercado. Si estas cifran no enfocan la discusión hacia los problemas de sostenibilidad y crecimiento, no estamos prestando la suficiente atención y haciendo las preguntas correctas.

Las realidades de las empresas colombianas está lejos de ser el estereotipo vendido, y comprado por nosotros, de las economías desarrolladas donde los crecimientos y valoraciones exponenciales en corto tiempo son la historia que se cuenta. La verdad es que el proceso de crecimiento de una empresa es lento y difícil, y si los incentivos no se enfocan en el crecimiento no seremos capaces de construir un tejido empresarial potente y de talla mundial.

Más allá de los recortes sostenidos a los ya limitados presupuestos que se destinan a estos rubros, no sé percibe un sentido de propósito, un entendimiento práctico de estos temas y un objetivo claro como nación en lo que, inequívocamente, debería ser una prioridad para nuestro país. A pesar de un esfuerzo y preocupación genuina de los funcionarios, los vemos solos, sin respaldo en los espacios de decisión; y teniendo que jugar con la eterna dinámica pública.

Es momento de que el Estado ponga al centro y al frente de la agenda a los emprendedores, que simplifique trámites y procesos que no son relevantes, que diseñe esquemas de pago diferencial en impuestos y respalde su discurso con hechos, recursos e incentivos que fortalezcan los servicios y esquemas de financiación para emprendedores que ya están recorriendo el camino, no solo para los que lo están descubriéndolo.