Dos empresarios de Cúcuta superan la crisis de la frontera con innovación

EL 11/29/2017

BioLub, fundada y con operaciones en la región del Norte de Santander, fabrica bases lubricantes a partir de aceites residuales

Las ventajas geográficas de Cúcuta permitieron el desarrollo de las relaciones comerciales en la frontera en los años 80’s y 90’s. Pero con la situación política transformada desde el 2000, la frontera con Venezuela se transformó en un panorama oscuro para empresarios de ambos países.

Entre los afectados por la situación política venezolana están los colombianos Diego Archila y Julián García.  Un contador y un administrador de empresas, menores de 30 años, quienes decidieron desde el 2009 ir en contra de la corriente creando BioLub, fábrica de bases lubricantes a partir de aceites residuales.

El reto de estos dos nortesantandereanos fue encontrar la fórmula perfecta de extraer bases para lubricantes de todo tipo de aceites residuales, con el objetivo de abastecer proveedores del interior colombiano, afectados por el cierre de la frontera,  aportando así al equilibrio económico de la región fronteriza.

Cuando llegó el cierre definitivo del paso fronterizo, la estructura financiera de BioLub presentó una caída drástica, pasando de vender $400 millones anuales a sólo $70 millones, una reducción de más del 60%. 

“Nos estábamos quedando sin qué vender, teniendo gran parte del mercado a disposición”, relata  Diego Archila. Con las dificultades del país vecino afectando el mercado en el 2014, Archila y García empezaron un proceso de investigación de mercados para hallar la solución y evitar la dependencia de Venezuela. Pero la situación parecía un túnel sin salida: no contaban con un músculo económico para experimentar nuevos procesos de producción.

Una luz comenzó a iluminar el camino, cuando fueron a su antiguo colegio para pedir prestados algunos objetos del laboratorio: pipetas, pinzas, termómetros y otros objetos de experimentación científica, que sirvieron para comenzar un proceso de innovación que podría convertir su negocio en una propuesta de valor escalable.

“Decidimos innovar. Normalmente, la gente usa el aceite viejo como combustible para caldera, pero nadie lo extrae para reutilizarlo. Nosotros encontramos cómo  recuperar hasta un 80% de este para crear materia prima de base, y el 20% del subproducto es tratado para ser aprovechado como base asfáltica”, señaló Diego Archila.

Con una solución innovadora, BioLub recibió $540 millones de inversión público privada en el año 2015, gracias a la convocatoria de Fomento a la Inversión en Empresas en Etapa Temprana de INNpulsa Colombia, que igualaba la inversión de un ángel inversionista con recursos públicos no reembolsables. Con este apoyo, la empresa incrementó su potencial, desarrollando la ampliación de su planta de producción para conquistar el mercado nacional.

Hoy en día, esta fábrica logra producciones masivas de ecobases para vender  lubricantes medioambientalmente sostenibles en todo el territorio colombiano, incluyendo regiones de difícil acceso. Y,  gracias a la ‘Correcta Perseverancia’, como lo define Archila, para 2020 se posicionarán entre las compañías líderes del sector de lubricantes en Latinoamérica.